CONTRA EL POLVO DEL OLVIDO

 

 

Tiempos legendarios aquellos cuando llegó por vez primera a territorio avileño al frente de una columna de guerrilleros, con la ropa ajada, zapatos rotos, rostros demacrados por el hambre, el cansancio y la falta de sueño. Entonces avanzó por la costa sur, entre pantanos, hierbas que cortaban cual navajas, lluvias intentas y el acoso enemigo.

Regresó luego de la alborada de enero de 1959.  Impulsó el desarrollo socio-económico. Inauguró fábricas, dirigió la mecanización de la cosecha cañera, realizó trabajos voluntarios, y, sobre todo, con su ejemplo y sensibilidad dejó una impronta que pervive en la memoria popular, y en numerosos libros.

A esa impronta recurrimos para resaltar algunas fechas e imágenes. No es el recuento completo, apenas una contribución para que el polvo del olvido nunca las borre.

 

29 de septiembre de 1958. Comandando la Columna Invasor 8 Ciro Redondo llega a territorio avileño acampa en Los Marineros número Uno.

30 de septiembre de 1958. Se establece en Los Marineros número Dos.

1ro y 2 de octubre de 1958. Acampa en Los Marineros número Tres.

3 de octubre de 1958. Acampa en Monte de la Virgen.

4 de octubre de 1958. Se refugia en Cayo Macho.

5 de octubre de 1958. Acampa en La Rosa Liberal.

6 de octubre de 1958. Descansa en Monte Hilario.

7 de octubre de 1958. Arriba a Potrero Abajo, de allí prosigue al día siguiente rumbo a Sancti Spíritus.

14 octubre de 1960 Visita las fábricas en etapa constructiva de kenaff, en Colorado, y la de cepillos y brochas en Ciego de Ávila, esta última con tecnología de la entonces República Democrática Alemana (RDA.  Asimismo recorre los pozos  de petróleo y la fábrica de conservas en Majagua.

16 de octubre de 1961. Visita instalaciones del central Venezuela en horas de la tarde y parte de la noche. Allí observó el trabajo realizado por los obreros en las maquinarias que se destinarían a la cosecha cañera. También recorrió la colonia La Josefina y la fábrica de conservas de Majagua.

20 de octubre de 1961: En la ciudad de Morón inspecciona las fábricas estatales de calzado, tabaco, refrescos y otras instalaciones. También recorre las minas de yeso de Punta Alegre.

30 de diciembre de 1962. Visita en el central Patria o Muerte los campos donde fue inaugurada oficialmente en el país la mecanización de la cosecha cañera.

1ro de enero de 1963. Recorre los talleres de los centrales Venezuela y Ciro Redondo para constatar el ensamblaje de las máquinas cortadoras de caña.

3 de febrero de 1963. Llega al central Ciro Redondo con el fin de participar, durante quince días, en la zafra.

4 de febrero de 1963. Comienza a cortar caña en una combinada.

7 de febrero de 1963. En el central Primero de Enero, en horas de la noche, preside una reunión donde analiza la situación de la industria y la necesidad, ante la falta de fuerza de trabajo, de impulsar la mecanización de la cosecha cañera.

8 de febrero de 1963. En un descanso para el almuerzo, durante su faena, visita el central Patria o Muerte. Allí intercambia opiniones con los obreros acerca del desarrollo de la zafra.

11 de febrero de 1963. Mientras trabaja como operador de combinada, la Cadena de Televisión Estatal de Toronto, Canadá, (CDC), le entrevista para un cortometraje.

12 de febrero de 1963. Al cortar 21 400 arrobas de caña en una jornada, impone récord productivo. Cuando concluye el trabajo recibe a Anatoli Vorkrissenski, auditor del Banco de la Unión Soviética.

13 de febrero de 1963, inaugura la Empresa de Cepillos y Artículos Plásticos de Ciego de Avila (CEPIL) es la única en el país que fabrica un variado surtido donde predominan los cepillos de cerdas sintéticas, escobas, cubos, cestos, recogedores y muchos otros artículos relacionados con la higiene y limpieza en general.

14 de febrero de 1963. Labora doce horas a pesar de los ataques de asma que sufre. Establece otro record: 22 000 arrobas cortadas.

16 de febrero de 1963. En Chambas participa en una competencia fraternal con el operador Roberto González, quien sale ganador por estrecho margen. Luego recorre las instalaciones de la Casita Criolla en el poblado principal. Es entrevistado por los periodistas Eugenia Neves, de El Siglo, Chile, y Ryzard Badossky, corresponsal de prensa y televisión de Polonia.

17 de febrero de 1963. Culmina en la colonia Dolores, del central Venezuela, la extensa jornada de trabajo voluntario.

 

Fuentes:

 

Colectivo de autores: Índice histórico. Provincia Ciego de Ávila (Siglo XV-1989), Talleres de la Unidad Gráfica, 1989.

Quintana García, José Antonio: Con el Che. Memoria del tiempo heroico, Machala, Ecuador, 2010.

Suárez Álvarez, José Martín: El Che y los que abrieron la senda, Ediciones Ávila, 2008.

Fotos: Tomadas del libro Che: una nueva batalla, del autor Gerónimo Álvarez Batista, publicado la Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1994.

 

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Martínez Campos contraataca

Era el hombre fuerte de la metrópoli hispana en Cuba. Su política, junto a otros factores, contribuyó a la pacificación de la Isla en la Guerra de los Diez Años.

Visitó Ciego de Ávila, capital de la Trocha de Júcaro a Morón durante esa contienda, en abril de 1877, apenas creado el Ayuntamiento.

Cuando regresó a La Habana, en 1895, con la misión de derrotar al Ejército Libertador, al Capitán General Arsenio Martínez Campos lo consideraban “el mayor prestigio militar de España”, según palabras de Valeriano Weyler.

A la región volvería para fortalecer la capacidad defensiva de los poblados más importantes. Previamente, a fines del mes de junio, envió a Morón al teniente de ingenieros Francia, con la encomienda de dirigir la fortificación de esa urbe. También, ordenó que Ciego de Ávila fuera sede de la jefatura de una de las dos brigadas que conformaban el Distrito Militar de Camagüey y que se estableciera la factoría encargada de los suministros en especie a las tropas.

El general Agustín Luque, a quien consideraba muy eficaz en su empeño de combatir a los insurrectos, le había informado sobre la presencia de mambises en Remedios y Sancti Spíritus, procedentes de Las Villas y Ciego de Ávila.

Temeroso de que Máximo Gómez pasara la Trocha, entonces en mal estado, decidió inspeccionarla y adoptar medidas de inmediato. Partió de La Habana el 5 de julio, protegido por una fuerte escolta.

Desde Tunas de Zaza, por mar, viajó hacia Júcaro y en tren continuó el recorrido hasta Morón. De aquel viaje legó a la Historia el parte que envió al Ministro de la Guerra, el día 16 de julio, firmado en la ciudad de Bayamo. Decía en unos de sus párrafos:

“(…) previniendo las obras que para defensa de Ciego de Ávila debían hacerse, y la construcción de un barracón para depósito y desembarco en el Júcaro, como asimismo la construcción del ramal del Júcaro á Punta Barra y el muelle de este punto (estas dos últimas aprobadas de Real Orden)”.

Además, ordenó establecer una línea en las riberas del río Jatibonico, custodiada por batallones recién llegados de la Península. Estas tropas debían perseguir a las huestes de Gómez si cruzaban el sistema fortificado.

Los vecinos de Júcaro observaron, otra vez, la movilización del personal militar. Y vieron, de nuevo, la figura de Martínez Campos.

Tenía las sienes plateadas, el rostro demacrado, el vientre flácido. Poco quedaba de la prestancia del hombre nacido en la antiquísima Segovia, veterano de numerosas contiendas. Se dirigió la comitiva al puerto. Allí embarcó rumbo a Manzanillo. Las naves se deslizaron entre la cayería de los Jardines de la Reina. Concluía su penúltima visita a Ciego de Ávila.

Fuentes: Manuel Monfort: La guerra de Cuba, Imprenta de El Boletín
Mercantil, Puerto Rico, 1896, T. I. p. 147.
Luis Navarro García: La última campaña del general Martínez Campos: Cuba, 1895, Anuario de Estudios Americanos, Tomo LVIII, 1, 2001.

 

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La trocha del Júcaro

Según informes que se basan en datos del general Arólas que manda esta línea militar y del jefe de ingenieros señor Gago, la trocha del Júcaro á Morón está dividida en cinco zonas y guarnecida por más de 8.000 hombres pertenecientes á diversos cuerpos.

La artillería destinada á las presentes necesidades consta de 14 piezas de nueve centímetros, 12 ametralladoras y ocho piezas de montaña todas del sistema Krupp.

Defienden esta línea militar fuertes en forma de torres, en número de 86. Consisten estas en dos piezas para cruzar fuegos, con garitas blindadas, formando blokhaus.

Se han dispuesto, además, 300 escuchas, que dominan gran extensión de terreno.

Ahora se estudia el medio de transportar las ametralladoras por medio de un sistema parecido al de la artillería de montaña.

En toda la extensión de la trocha se han construido pozos de lobo y á la distancia de seis metros se ha guarnecido una alambrada.

El hilo metálico empleado en la alambrada mide 900 leguas de largo, y su coste ha sido de 400.000 pesetas.

Las torres están provistas de luz de carburo de calcio, cuyo alcance lumínico es de 5oo metros.

Es de indudable utilidad militarla trocha de Júcaro á Morón, aunque no es posible impedir por completo el paso de los insurrectos, pues por la noche se cuelan fácilmente de una á otra parte en pequeños grupos”.

Fuente: La Vanguardia, 18 mayo de 1897, p. 5.

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¡AL ABORDAJE!

 

 
El general insurrecto Marcos García aplastó los mosquitos como si fueran soldados españoles. Era la mañana del 19 de febrero de 1870. Parecía ser un día cualquiera de la vida en Cuba libre. Los insurrectos estaban en el monte firme de Palo Alto, en la costa del sur avileño. De vez en vez llegaba una tenue brisa marina que se filtraba a través de la cerrada manigua.

El comandante Marcial de Jesús Gómez Cardoso disfrutaba de aquella paz octaviana. Se sentía feliz, orgulloso de la compañía aguerrida bajo su mando que dos días antes había demostrado su arrojo al atacar una columna de 200 soldados en el camino de Ciego de Ávila a la finca El Purial, encuentro en el que le causaron numerosas bajas.

Marcos García sintió el galope de los exploradores y los esperó al pie del rancho que le servía de tienda de campaña. La noticia cambió su semblante, marchito tras una noche de aguijonazos y palmadas. Le informaron los sudorosos jinetes que del embarcadero de Juan Hernández una columna hispana trasladaría un convoy hacia el Jíbaro. Pensó el jefe del distrito de Sancti Spíritus que la oportunidad era excelente para abastecer a su famélica tropa. Ordenó la marcha forzada para vencer en el menor tiempo posible los 48 kilómetros que le separaban del enemigo. A pesar del esfuerzo no pudieron alcanzar a la fuerza colonialista, pues ya esta había salido hacia su destino.

Entonces el fiasco enardeció el espíritu guerrero de los libertadores, decididos a desenfundar los machetes después de la intensa cabalgata. El General conoció por los confidentes que en los almacenes estaba depositada la producción del ingenio La Crisis, perteneciente a la jurisdicción espirituana; ordenó ocupar las instalaciones.

En la goleta, Antonio Jiménez, patrón de la embarcación que trajo el cargamento transportado por el convoy hacia el Jíbaro, agitaba a los marineros, pues temía que los insurrectos intentaran tomarla por asalto y destruyeran los cueros, la cera, el azúcar y las pacas de yarey que llevaba al puerto de Casilda.

Echavarría, teniente del pequeño piquete de voluntarios oculto en cubierta, disparó a los insurrectos. Lo imitó el sargento Villamil y el resto de los subordinados. Las dos compañías de mambises dirigidas por los comandantes Marcial de Jesús Gómez Cardoso y Félix Carrazana no se detuvieron ante el fuego. Era tal el empuje que algunos osados se lanzaron al agua en su afán de evitar la fuga de la nave. Sus defensores también se tiraron por la borda, en su caso para poner a salvo la vida. En la acción relámpago se apoderaron de siete fusiles Remingtons, dos carabinas y dos escopetas. También informó El Cubano Libre , en su edición del 12 de marzo de 1870, que los peninsulares tuvieron siete muertos durante el combate.

Las llamas devoraban los 60 bocoyes de azúcar y los 5 mil pies de madera depositados en los almacenes. En el caserío Juan Hernández, dos niños miraban la oleada de sombreros que se alejaba cada vez más.

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ABIERTO

En San Fernando, segundo batey donde transcurrió mi infancia, nos reuníamos en el diminuto parque. Casi siempre descalzos para correr más rápido entre los cañaverales, donde el “agarrado” era el divertimiento preferido, aunque a veces, influenciados por las películas, nos disparábamos turrones, en un tiroteo, como en el Oeste, en el que las balas resultaban inagotables.

Puntos fijos: Peteta, Sagüi, el Píndula, Robe, todos negritos. Juan Carlos “el Brujero”, Fernando “Pati Grande”, Rangelito, Tato, mi hermano, Ramoncito, pichones de españoles. Nos mezclábamos en los equipos. Nada sabíamos de discriminación racial. Recuerdo a mi madre, criada entre haitianos, ofreciendo un plato de comida para cualquiera del primer grupo mientras veíamos las aventuras en la televisión.

En tanto esperábamos que el piquete se completara, nos poníamos a la caza de los demorones. La mayoría de las veces venían comiéndose un pedazo de pan, con aceite, o azúcar, tomates, o “a capela”. Enseguida pronunciábamos la palabra mágica: abierto. Y recibíamos una pequeña porción de la merienda.

Era extraño que alguno se adelantara con: cerrado. El parque aún existe, las casas se han transformado o desaparecieron, entre ellas la mía de madera y techo de guano. Desde la carretera, en ocasiones, miro al rincón donde nos reuníamos, y no veo niños, tampoco cañaverales. Aquel micromundo se va cerrando.

 

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UN PROFETA LLAMADO BOLÍVAR

Atormentado, luego del fracaso independentista, aquel joven militar, de sólida cultura y voluntad acerada, encontró en Jamaica, el reposo necesario para meditar sobre los destinos de la América hispana.
El 6 de septiembre de 1815, con lucidez asombrosa, de sociólogo forjado en las batallas y no en los gabinetes, captó como ha expresado el colega ecuatoriano Jorge Núñez, la esencia de nuestro ser y fijó el más audaz y descarnado diagnóstico del mundo criollo americano.
Ese día escribió a Henry Cullen, un ciudadano británico que residía en Falmouth, Jamaica: “No somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles; en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento, y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar estos a los (nativos) del país, y que mantenernos en él contra la opinión de los invasores; así nos hallamos en el caso más extraordinario y complicado”.

Ni la derrota, ni la traición, ni el abandono, pudieron vencer la voluntad del hombre de pensamiento y de acción. Para Bolívar había que continuar la lucha, lograr la unidad de los revolucionarios con el fin de expulsar de una vez y por todas a los colonialistas.
Tenían que salvar otros obstáculos, entre ellos, las apetencias imperiales de la Gran Bretaña. Con habilidades de diplomático intentó, en la famosa Carta, ganar la opinión de los políticos de la Reina de los Mares.

El Libertador manifestó, además, la necesidad de que Cuba y Puerto Rico también disfrutaran de la independencia española: “Son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto con los independientes. Mas, ¿no son americanos estos insulares?, ¿no son vejados?, ¿no desean su bienestar?”.
Cuando celebramos el bicentenario del documento, las ideas expuestas mantienen su vigencia. Si visión de que la América es una sola patria, hoy sustentan los esfuerzos unitarios, integracionistas de Unasur, la Celac y otros organismos.

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La tarja invisible

Me habían dicho que la tarja que rendía homenaje a John O’Brien, el capitán estadounidense que luchó por la independencia de Cuba, fue destruida en 1959. Según el cuento, el vandálico hecho fue protagonizado por  extremistas que vieron en él a uno de los intervencionistas que arrebataron la libertad a los cubanos en 1898, cuando tenían la guerra ganada a los colonialistas españoles. Pero recientemente descubrí en una pared de la Habana Vieja la tarja supuestamente desaparecida.

Tarja

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Visiones múltiples de las guerras independentistas

El accionar mambí en tierras avileñas ha sido tema recurrente en la historiografía regional y local, a pesar de ello todavía queda mucha información por develar.
Durante la república neocolonial (1902-1958) la falta de apoyo estatal y la situación económica de sus autores, que no podían darse el lujo de autofinanciar la publicación de sus investigaciones, determinaron la escasez de obras impresas dedicadas a las guerras independentistas.
Solo dos textos pudieron ver la luz en un período que abarcó más de medio siglo. En 1940 José Francisco Carril Zunda publicó el libro: En el centenario del nacimiento de un gran cubano patriota mártir Marcial de Jesús Gómez Cardoso. Tres años después, Manuel Rivero de la Calle y Felipe Idoy Caro, estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de Ciego de Ávila, editaron el folleto Simón Reyes Hernández (El Águila de la Trocha). Sigue leyendo

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No somos un buey manso

Mientras la noticia de que Cuba inauguró su embajada en Estados Unidos sigue ocupando las planas de los periódicos, muchos amigos temen que al abrirse la sede estadounidense en La Habana las cosas no marchen bien. Tranquilos. Recuerden lo que escribió  Pablo de la Torriente Brau, aquel formidable revolucionario cubano:

(…)  nuestro pueblo, que por su historia ha demostrado no ser un buey manso, se niega y se negará siempre a ser conducido por los embajadores americanos (…) Pablo de la Torriente

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EL CARIBE, PERIÓDICO DE TIERRA ADENTRO

 

Es conocido que las cabeceras municipales de Morón y Ciego de Ávila tuvieron, en conjunto, un centenar de periódicos antes de 1959. La mayoría circuló por poco tiempo y muchos vieron la luz como medios propagandísticos solo durante campañas electorales. Luego se “apagaban”.
Ahora, casi nada se sabe de los periódicos editados en barrios pertenecientes a los municipios mencionados. Sobresalieron, entre otros, Ecos de Chambas, El GaSpareño y Ecos de Majagua.
Quizás por su formato, diseño y tiempo de circulación El Caribe, de Florencia, tuvo menor importancia. Sin embargo, por su contenido debió ejercer influencia en los vecinos de aquel territorio de bellos paisajes, cuna de los escritores Jaime Sarusky, Amado del Pino y Manuel González Bello.
De la mano de Enrique Figueiras, director del Museo Municipal, “navegué” por las páginas de los pocos ejemplares que sobrevivieron al tiempo y a la desidia de los hombres. Sigue leyendo

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